La corrupción a plena luz del día

Los principales escándalos nacionales e internacionales, entre ellos el de “Panamá papers”, tienen que ver, curiosamente, con sumas millonarias de dinero. Y no es que esto sea nuevo o que no se supiera, lo que pasa es que los implicados tienen en su poder o son dueños de los medios de comunicación y, pues, ya está dicho todo. Nadie hablará de sí mismo, la noticia no figurará en los titulares y asunto arreglado.

Este tema deja en evidencia la mentira que nos han querido meter los empresarios y oligarcas al decir que, en este país, no se puede trabajar ni invertir, que las empresas están cerrando o quebrando echando la culpa a la inseguridad, que el gobierno no hace nada, que su política ahuyenta a los inversionistas y otras razones sin fundamento alguno, cuando, estos rufianes, que dicho sea de paso, son los que más gritan, aumentan sus cuentas y sus ganancias eludiendo y evadiendo impuestos. Qué desfachatez e hipocresía. Resulta que vivimos en un paraíso donde los corruptos pueden hacer y deshacer, pueden mentir a plena luz del día y pasearse por ahí como si aquí no ha pasado nada. ¿Cómo pueden llamarse patriotas estos señores, cuando no tienen la mínima muestra de solidaridad con un país que necesita de ellos para generar empleos y sacar de la pobreza a muchas familias y, por ende, al país de este subdesarrollo provocado? Riqueza hay y los recursos son suficientes para que nadie aguante hambre, lo que no hay es voluntad para hacer buen uso de esos bienes, repartir y compartir ese pastel con los menos afortunados. Es por eso que la pobreza es el mal más diabólico porque es provocada por la mezquindad de unos pocos que se hartan, en detrimento de las mayorías.

La desigualdad frena el desarrollo y perpetúa la pobreza en un país donde 160 millonarios poseen la riqueza del 87% de la población salvadoreña, según un artículo de OXFAM internacional, publicado en mayo del 2015.

la copa de champan invertida no ha sido capaz de volver a su posición normal.

Se hace evidente un dicho que leí por allí: “cuando las manos se ensucian, el dinero es limpio, cuando las manos están limpias (mucho cuidado), el dinero puede estar sucio.

Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones creyendo que los implicados van a enfrentar la justicia; esa es harina de otro costal. Con el poder mediático y económico que tienen, dentro de unos días, no se hablará más del tema. Y como tenemos memoria de corto plazo, dentro de poco olvidaremos por completo este asunto. Por Bonifacio Cantarero

El triunfo de los mediocres

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.
Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
Por David Jiménez, periodista y escritor español.

ESTUDIANTES A QUIENES LLAMAMOS: MEDIOCRES

Motores generadores de cambio

En un aula encontramos de todo: estudiantes brillantes, medianamente destacados, decididamente mediocres, y una minoría a quienes, realmente, les cuesta comprender o seguir las explicaciones.
A los estudiantes brillantes, por lo general, no cuesta “manejarlos”. Son callados, atentos, participan en orden, toman nota, piden permiso, etc. Les encanta el silencio, son metódicos, los cambios los perturban, las actividades poco estructuradas (aunque solo lo sean de apariencia), los desestabilizan.
Los medianamente destacados, suelen ser participativos -o no, pueden mostrar interés de manera fluctuante y, a veces, necesitan el respaldo de los más brillantes para poder mantenerse en su sitio. Por tal razón, cuando hay que trabajar en parejas o en grupos, estos dos tipos de estudiante suelen, prácticamente, aferrarse uno con el otro. La mayoría del tiempo, muestran serias reservas en hacer partícipes a otros de su “sabiduría” y muestran una seria aversión al imprevisto.
A los que definitivamente les cuesta, merecen un punto aparte.
Los que ahora me interesan son aquellos decididamente mediocres, por lo general creativos, desordenados, impredecibles. La mayoría del tiempo, son nuestros aliados en repartir trabajos, en ir a solicitar materiales de último momento o en cambiar el rumbo usual de la clase. Son proactivos. No tienen reserva alguna en recortar, pegar, inventar, sentarse en el suelo, salir de la clase, dibujar un esquema o hacer fichas. No piden explicación cuando varía la rutina, sino que, por el contrario, apoyan la variación.
Estos estudiantes nos hacen idear nuevas maneras de enfocar los temas, con tal de conquistar su atención. Nos hacen regañar, nos enojan y nos alegran. Generan cambios, nos provocan. Promueven excursiones, salidas, actuaciones. Movilizan el colegio con sus risas, sus descuidos y sus iniciativas. Si se nos ocurre hacer una feria, ellos son los que quieren vender; generalmente, los que quieren cocinar o conseguir los refrescos. Si pensamos en representar una obra, ellos corren con los decorados y el vestuario… podrán no memorizar las líneas, pero no les tiembla la voz en las improvisaciones.
El estudiante mediocre académicamente, suele brillar en otras áreas. Nos recuerdan los cumpleaños con tal de detener la clase y cantar una tonada. Si están satisfechos ríen sin detenimiento y nos muestran el cariño efusivamente. Son estudiantes que no nos mortifican cuando nos corregimos al dictar en clase, porque no les mortifica tachar o usar corrector. Por lo general, aceptan los fallos -propios o ajenos- y las sugerencias. A menudo, también nos retan con preguntas inesperadas o haciendo referencia al último programa de ciencia que nos perdimos. No les molestan los ensayos, sino que más bien, los buscan con tal de salir de clase. Pueden, muchas veces, ser parte de la banda, del equipo de porras o de futbol, y en ese caso, se entregan con entusiasmo. En esas actividades, también hay alumnos brillantes académicamente, y ellos son el contrapeso. Ambos tipos son necesarios, ambos se compensan.
Mucho se ensalza al buen estudiante, y es lo correcto. Pero esta vez he querido dedicarle un momento a esos otros, los que no van tan bien, los irreverentes, esos que nadie puede mantener quietos, que salen más o menos e, indudablemente, no son los invisibles de la clase. Son los estudiantes a quienes llamamos “mediocres” académicamente, los cuales, en última instancia, pueden hacerse notar en otros campos y hacer al colegio y a su personal, mantenerse despierto o no despistarse.
Yo sé que hay muchísimos colegas por el mundo que sueñan con una clase repleta de alumnos brillantes, callados y meticulosos, obedientes y sin problemas. Esos que harían de esta profesión una de ocho horas y de libros de registro sin estudiantes a punto de perder el año escolar. Creo que se me nota: no soy uno de ellos. Prefiero a estos estudiantes y, por su puesto, a los brillantes, pero más a los mediocres porque sin ellos, la docencia sería aburrida, obtusa, anquilosada, en definitiva un fracaso. Creo que, a menudo, se nos olvida que los seres humanos son únicos e irrepetibles y que sería imposible meterlos a un molde establecido para sacar muñecos autómatas. Ana Lorena, educadora costarricense

Las mujeres de mi generación son las mejores.

Las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen cuarenta y pico, incluso cincuenta y pico, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales. Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa… Otras, aunque pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún visitante. Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de Los Beatles, de Bob Dylan…. Herederas de la “revolución sexual” de la década de los 60 y de las corrientes feministas que, sin embargo recibieron pasadas por varios filtros, ellas supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción. Jamás vieron en el hombre a un enemigo a pesar que le cantaron unas cuantas verdades, pues comprendieron que emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo de papel higiénico cuando éste, trágicamente, se acaba, y decidieron pactar para vivir en pareja. Son maravillosas y tienen estilo, aún cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan. Usaron faldas hindúes a los 18 años, se cubrieron con suéter de lana y perdieron su parecido con María, la virgen, en una noche loca de viernes o sábado después de bailar. Hablaron con pasión de política y quisieron cambiar el mundo. Aquí hay algunas razones de por qué una mujer de más de 45 nunca te va a despertar en la mitad de la noche para preguntarte…. “Qué estás pensando?” No le interesa lo que estás pensando. Si una mujer de más de 45 no quiere mirar un partido de fútbol, ella no da vueltas alrededor tuyo. Se pone a hacer algo que ella quiere hacer y generalmente es algo mucho más interesante. Una mujer de más de 45, se conoce lo suficiente como para estar segura de sí misma, de lo que quiere, y de con quién lo quiere. Son muy pocas las mujeres de más de 45 a las que les importa lo que tú pienses de lo que ella hace. Una mujer de más de 45, tiene cubierta su cuota de relaciones “importantes”Las mujeres de más de 45 son generosas en alabanzas. Ellas saben lo que es no ser apreciadas lo suficiente. Tienen suficiente seguridad en sí mismas como para presentarte a sus amigas. Sólo una mujer más joven e inmadura puede llegar a ignorar a su mejor amiga. Las mujeres se vuelven psíquicas a medida que pasa el tiempo. No necesitas confesar tus pecados, ellas siempre lo saben. Son honestas y directas. Te dicen directamente que eres un imbécil si es lo que sienten sobre ti. Tenemos muchas cosas buenas que decir de las mujeres de más de 45 y por múltiples razones. Lamentablemente no es recíproco. Por cada impactante mujer de más de 45, inteligente, divertida y sexy hay un hombre con casi o más de 50… pelado, gordo, barrigón y con pantalones arrugados haciéndose el gracioso con una chica de 20 años y haciendo el completo ridículo. Palabras de Santiago Gamboa, escritor colombiano a una revista británica.

QUE LA MEDICINA NO SEA PEOR QUE LA ENFERMEDAD QUE SUFREN NUESTROS PUEBLOS.

Por Bonifacio Cantarero

Viejos fantasmas amenazan a países del sur mediante una guerra económica, mediática y malintencionada en detrimento de la esperanza de muchos pueblos que han visto en gobiernos de corte progresista una luz en el túnel.

Desde el punto de vista cristiano he aprendido que ninguna propuesta política de un partido de derecha o izquierda podría equipararse a la gran Utopía del Reino que propuso, Jesús, el humilde carpintero de Nazaret. Sin embargo, hay proyectos que valen la pena apoyarlos porque algo de bueno traen. Somos muchos los que hemos creído que otro mundo es posible a partir de políticas públicas impulsadas por algunos líderes de América del Sur, que han empezado a devolverle al pueblo lo que es del pueblo. Y es que las cosas buenas y lo que es bueno para las personas debe ser bien visto venga de donde venga, a excepción de aquellas que vienen de dineros sucios.

Quizás la cólera de muchos multimillonarios sea que ahora el pastel ya no solo se lo reparten ellos, sino también los pobres, aunque dicho sea de paso, sean las migajas.  Hasta dónde llega el egoísmo de las grandes corporaciones financieras que no escatiman recursos para apoyar las campañas electorales de sus títeres que después serán sus compinches para recuperar los negocios y privilegios. Nuestra América  ha sobrevivido, por largos siglos  a horrendas dictaduras que no solo han arrasado con la vida de pueblos enteros, sino con sus riquezas dejando a los pobres sin tierras y recursos para su medio vivir. Los partidos de ultraderecha en este continente, han traído, a lo largo de muchas décadas, pobreza porque su afán siempre ha sido llenar sus bolsillos a partir de los grandes negocios orquestados desde el poder político y económico. No es que la corrupción se filtre en los funcionarios públicos, es que son estos, los que siempre han favorecido  a los grandes oligarcas. Y ahora con mucha más fuerza, astucia  y voracidad quieren llegar al poder a toda costa. Para muestra un botón, ya anuncian las medidas para revertir las leyes que no favorecen a sus intereses mezquinos.

Poco a poco algunos movimientos populares han ido tomando el poder, pero quizás sus líderes no han sido capaces de ser fieles a sus principios y la factura pasa, tarde o temprano.  También hay que recalcar que estos gobiernos están enfrentados a oposiciones ciegas que no ven nada bueno en ellos, porque, claro está, sus pretensiones son otras. Y como son los dueños de los medios de comunicación hacen mucha bulla y convierten cualquier mentira en verdad.

Me da miedo que fuerzas oscuras del pasado (porque son los mismos de siempre, disfrazados de demócratas y redentores), estén recuperando el poder para terminar con lo último que queda en nuestros sufridos pueblos.

Un signo de democracia es que haya alternancia en el poder, pero  ¿Alternancia para qué? Para que otros nos sigan jodiendo, de ninguna manera.

En mi opinión, no hay nada de qué alegrarse con las nuevas conformaciones de poder en Argentina y Venezuela, no es más que lo mismo de lo mismo y aumentado. Porque estos señores vienen dispuestos a todo, a robarse lo último que queda y a vender la soberanía de los pueblos al mejor postor, es decir, a los grandes consorcios imperialistas de este planeta.

Ojalá no pase lo mismo en El Salvador y tengamos que echar al traste lo que se ha ganado hasta ahora. Hay que estar expectantes para impedir que nos metan gato por liebre.

Desde la Utopía del Reino no queda más que seguir creyendo que otro mundo es posible desde lo pequeño e insignificante.